Los pasajeros afectados se han visto obligados a buscar alternativas, principalmente a través de la frontera terrestre con Colombia, que se ha convertido en la principal puerta de entrada y salida. El gobierno venezolano ha intentado minimizar la crisis, expresando su esperanza de que las operaciones de Copa y Wingo se reanuden en un plazo de 48 horas, mientras que las compañías nacionales buscan compensar la drástica reducción de la oferta. Sin embargo, la suspensión masiva de vuelos es una consecuencia tangible de la presión de Washington, que afecta no solo al gobierno, sino también a los ciudadanos y a la economía, profundizando el aislamiento de Venezuela del resto del mundo.