“Hablé con él brevemente.

Solo le dije un par de cosas.

Ya veremos qué pasa con eso”, afirmó Trump, añadiendo que el intercambio “no salió bien ni mal”.

Esta declaración sugiere que la llamada pudo haber sido un ultimátum o una advertencia final, en línea con su agresiva retórica. Por su parte, Nicolás Maduro ofreció una versión diferente, calificando el diálogo como “respetuoso”, lo que podría interpretarse como un intento de proyectar una imagen de apertura diplomática frente a la presión. La conversación se produjo en un contexto de máxima presión militar, con el portaaviones más grande del mundo desplegado por Estados Unidos en la región desde septiembre, un símbolo visible de la creciente amenaza. La falta de detalles concretos sobre lo discutido ha alimentado múltiples escenarios, desde una posible salida negociada del poder para Maduro hasta la confirmación de que las vías diplomáticas están agotadas, dejando el camino libre para una acción militar. La llamada evidencia que, a pesar de la hostilidad pública, existe un canal de comunicación directo al más alto nivel, aunque su propósito y consecuencias reales permanecen inciertos.