Estas afirmaciones marcan un punto crítico en la tensión bilateral, llevando la confrontación del plano diplomático al militar. La postura de Trump se enmarca en una ofensiva más amplia contra el narcotráfico en la región, vinculando directamente al gobierno venezolano con el llamado “Cartel de los Soles”. En una entrevista con el medio Politico, el mandatario estadounidense fue claro al no descartar el despliegue de tropas terrestres para sacar del poder a Maduro.

Esta amenaza ha sido reiterada en diversas declaraciones, donde Trump asegura que su plan “va mucho más allá” de una simple campaña de presión y que contempla todas las opciones militares.

Sin embargo, algunos analistas, como el exembajador de EE.

UU. en Colombia, Kevin Whitaker, sugieren que este discurso podría ser más una “estrategia política y un recurso retórico” dirigido a una audiencia interna en Estados Unidos, donde una postura firme contra el narcotráfico resuena con ciertos sectores del electorado. Whitaker argumenta que una intervención terrestre sería contradictoria con la doctrina de Trump de “Make America Great Again” (MAGA), que prioriza no gastar recursos y vidas estadounidenses en el exterior. A pesar de esta interpretación, la persistencia de la amenaza genera una profunda inestabilidad en la región y es vista por el gobierno de Maduro como el preludio de una agresión directa, manteniendo a las fuerzas armadas venezolanas en alerta máxima ante lo que consideran un desafío inminente a su soberanía.