Al autorizar los vuelos, buscaba demostrar que no existía el riesgo que Washington pregonaba.

Un vuelo con 172 migrantes venezolanos deportados (141 hombres, 26 mujeres y 5 niños) llegó a Caracas desde Phoenix, Arizona, en una operación gestionada por la aerolínea Eastern.

Este hecho ocurrió a pesar del cierre casi total de las operaciones aéreas comerciales internacionales.

La medida fue destacada por el gobierno venezolano como una prueba de su control y de la seguridad de su territorio, en un claro gesto de desafío a la presión estadounidense, mientras el presidente Maduro asistía a marchas en Caracas para rechazar la "agresión" de Estados Unidos.