Actores como Panamá, Turquía, China y el Vaticano se pronunciaron sobre la crisis, reflejando la preocupación global por un posible conflicto. En el ámbito diplomático, Panamá se posicionó como un posible intermediario, ofreciéndose para mediar entre Washington y Caracas.
El país centroamericano incluso sugirió que podría "acoger a ciertas personas del régimen venezolano" como parte de una solución negociada.
Por otro lado, los aliados de Venezuela expresaron su rechazo a las acciones estadounidenses.
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, conversó telefónicamente con Nicolás Maduro sobre el despliegue militar de EE. UU. en el Caribe.
De manera más contundente, China, a través de su Cancillería, rechazó "toda injerencia de fuerzas externas en los asuntos internos de Venezuela" y criticó los planes de Washington para realizar operaciones militares.
Desde el Vaticano, el papa León XIV hizo un llamado a la prudencia, pidiendo a Estados Unidos que privilegie el diálogo antes que cualquier operación militar contra territorio venezolano y afirmó que la Santa Sede estaba "buscando maneras de calmar la situación". La advertencia de EE. UU. sobre el espacio aéreo venezolano también generó preocupación en la región, llevando a la Cancillería de Colombia a pedir respeto por la soberanía y la estabilidad regional.













