Esta medida aisló aún más a Venezuela y generó una crisis en el transporte aéreo, obligando a los viajeros a recurrir a rutas terrestres.
El presidente Donald Trump justificó la advertencia alegando "problemas y drogas" en el país suramericano. La medida tuvo un efecto inmediato y drástico, llevando a Venezuela a perder hasta el 60 % de sus vuelos internacionales. Aerolíneas de gran importancia para la conectividad del país, como las españolas Iberia, Air Europa y Plus Ultra, la panameña Copa y la colombiana Wingo, anunciaron la suspensión de sus operaciones. Algunas compañías citaron interferencias en los sistemas de navegación como causa técnica, aunque la decisión se enmarcó en el contexto de la creciente presión de Washington. El gobierno colombiano, a través de su Cancillería, expresó su "preocupación" por la medida y pidió "respeto a la soberanía y calma regional". Como consecuencia del bloqueo aéreo, la frontera terrestre con Colombia se convirtió en la principal vía de acceso y salida para muchos viajeros. En un intento por contrarrestar la narrativa estadounidense, el gobierno de Maduro autorizó vuelos de repatriación de migrantes desde Estados Unidos, buscando demostrar que su espacio aéreo permanecía seguro.













