Esta movilización, denominada 'Lanza del Sur', fue acompañada de amenazas directas de posibles ataques terrestres, elevando la tensión regional a niveles críticos.
El operativo incluyó al menos 12 buques de guerra, entre ellos el portaaviones más grande del mundo, y unos 4.000 soldados, constituyendo el mayor despliegue naval estadounidense en la región en décadas. La Casa Blanca enmarcó esta acción dentro de su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, que prioriza la lucha contra el narcotráfico en América Latina.
Sin embargo, el gobierno venezolano y otros actores internacionales lo interpretaron como una amenaza directa de invasión.
En respuesta, el presidente Nicolás Maduro declaró que sus fuerzas armadas estaban "preparadas" para cualquier escenario, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, afirmó que estaban listas para un "escenario bélico".
La tensión escaló con las declaraciones del presidente Trump, quien confirmó que los ataques terrestres comenzarían "muy pronto" y utilizó un lenguaje agresivo, asegurando: "Vamos a acabar con esos hijos de perr#".
Estas amenazas se extendieron a Colombia, país que Trump calificó como susceptible a ataques por ser una "fábrica de cocaína". La operación fue respaldada logísticamente por países como Trinidad y Tobago y se complementó con ejercicios militares en Panamá, lo que fue criticado por China como una injerencia en los asuntos internos de Venezuela.













