A pesar del supuesto “bloqueo aéreo”, un vuelo con 172 migrantes deportados, incluyendo 141 hombres, 26 mujeres y 5 menores, llegó a Venezuela desde Phoenix, Arizona.

El gobierno de Maduro utilizó esta autorización para intentar demostrar que no existía un riesgo real para la aviación civil y que las advertencias de Trump eran infundadas. Esta dinámica contradictoria, donde se suspenden y luego se reanudan vuelos humanitarios en medio de una escalada militar, refleja la complejidad de la relación.

Por un lado, ambos países tienen la necesidad de gestionar los flujos migratorios; por otro, cada acción es utilizada como una herramienta política para legitimar sus propias narrativas. La suspensión de los vuelos fue presentada por Caracas como una agresión, mientras que su reanudación fue exhibida como una prueba de la soberanía y control de su territorio.