Un primer vuelo con 172 migrantes deportados, incluyendo 141 hombres, 26 mujeres y cinco menores, llegó a Venezuela proveniente de Phoenix, Arizona, a pesar del “bloqueo aéreo” declarado por EE.

UU. debido a sus operaciones militares en el Caribe.

La reanudación de estos vuelos evidencia una de las paradojas de la política estadounidense: mientras se incrementa la presión militar y se endurecen las vías de migración legal para los venezolanos, se mantiene activa la cooperación en materia de deportaciones. Para el gobierno de Maduro, aceptar estos vuelos es una forma de reafirmar su autoridad y, al mismo tiempo, gestionar el retorno de sus ciudadanos, aunque esto ocurra en el marco de una relación hostil.