Tras este incidente, Trump prometió endurecer los controles y detener la inmigración desde lo que denominó "países del tercer mundo".

La suspensión afecta a una amplia gama de procesos migratorios y se suma a otras medidas restrictivas implementadas por la administración.

Para los venezolanos y cubanos, que ya enfrentan complejas situaciones políticas y económicas en sus países de origen, esta decisión cierra una vía legal fundamental para establecerse en Estados Unidos. La medida fue anunciada como parte de una revisión más amplia de las políticas de asilo y visado, y se enmarca en una retórica antiinmigración que ha sido central en el gobierno de Trump. Críticos de la medida argumentan que castiga de manera indiscriminada a poblaciones vulnerables y utiliza un incidente de seguridad como pretexto para implementar una agenda migratoria más restrictiva.