Entre las voces que claman por una solución pacífica destaca la del papa León XIV, quien durante su gira por Turquía y Líbano hizo un llamado explícito a Estados Unidos para que priorice “el diálogo con Venezuela antes que cualquier operación contra su territorio”. Por otro lado, los aliados de Venezuela han cerrado filas en su contra. China manifestó su rechazo a toda “injerencia de fuerzas externas en los asuntos internos de Venezuela”, mientras que Irán fue más allá, afirmando que Estados Unidos representa la “mayor amenaza para la paz” debido a su “comportamiento basado en la amenaza y el uso de la fuerza”. En una maniobra diplomática, el gobierno de Nicolás Maduro denunció ante la OPEP que la verdadera intención de la campaña militar estadounidense es “apoderarse de las vastas reservas de petróleo de Venezuela”, buscando el respaldo del cartel petrolero. A nivel regional, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, criticó duramente la legalidad de la declaración de cierre del espacio aéreo venezolano, defendiendo el principio de soberanía. Estas diversas reacciones demuestran que la comunidad internacional está dividida, con un bloque que apoya la presión de EE. UU. y otro que la condena como una violación del derecho internacional.