La administración Trump ha ordenado el mayor despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe en décadas, una operación denominada ‘Lanza del Sur’ que ha incrementado drásticamente la tensión con Venezuela y ha generado preocupación en toda la región. Aunque Washington justifica la movilización como una campaña contra el narcotráfico, el gobierno de Nicolás Maduro y diversos analistas la interpretan como una amenaza directa de intervención militar y una herramienta de presión para forzar un cambio de régimen. La operación incluye al menos 12 buques de guerra, entre ellos el portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, y el despliegue de aproximadamente 4.000 soldados. En el marco de esta campaña, las fuerzas estadounidenses han atacado al menos 21 embarcaciones en el mar Caribe y el océano Pacífico oriental, resultando en la muerte de más de 80 personas.
Estos ataques, calificados por organismos como la ONU y Human Rights Watch como “ejecuciones extrajudiciales”, han generado una fuerte controversia internacional.
La polémica se intensificó tras revelarse que en uno de los incidentes se habría realizado un segundo bombardeo para eliminar a los supervivientes de un primer ataque, un acto que expertos legales y congresistas estadounidenses han señalado como un posible crimen de guerra. La Casa Blanca ha defendido estas acciones como un “uso legítimo de la fuerza”, mientras que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha declarado que “apenas comenzamos a matar narcoterroristas”. Esta demostración de fuerza ha transformado el Caribe en un escenario de alta volatilidad, donde cualquier error de cálculo podría desencadenar un conflicto armado de consecuencias impredecibles.
En resumenEl masivo operativo naval estadounidense, justificado como una lucha contra el narcotráfico, es percibido por Venezuela como el preludio de una invasión, mientras que los letales ataques a embarcaciones han generado condenas internacionales y han puesto en duda la legalidad de la estrategia de Washington.