Esta división refleja el complejo panorama geopolítico que rodea la crisis venezolana.

Por un lado, los aliados tradicionales del gobierno de Nicolás Maduro han cerrado filas en su contra.

China rechazó enérgicamente cualquier “injerencia de fuerzas externas” y condenó las “sanciones unilaterales ilegales” de Washington. De manera similar, Irán acusó a Estados Unidos de ser “la mayor amenaza para la paz” debido a su “comportamiento basado en la amenaza y el uso de la fuerza”. Analistas señalan que este “eje autoritario” de apoyo a Maduro parece más sólido en tiempos de calma, pero se debilita cuando es puesto a prueba. En contraste, Estados Unidos ha fortalecido su posición en el Caribe gracias al apoyo de aliados regionales.

República Dominicana autorizó a las fuerzas estadounidenses a utilizar su aeropuerto y base militar para operaciones antidrogas.

En el ámbito diplomático, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha cuestionado la legalidad de las acciones de Trump, particularmente la declaración de cierre del espacio aéreo venezolano, advirtiendo que socava el concepto de soberanía nacional. Mientras tanto, actores como el papa León XIV han instado al diálogo como la única vía para resolver la crisis, pidiendo a Estados Unidos que priorice la conversación antes que cualquier operación militar. Además, países europeos como Noruega y Suiza han emitido advertencias a sus ciudadanos para que eviten viajar a Venezuela, citando el deterioro de la seguridad y las crecientes tensiones.