La administración Trump ha ordenado el mayor despliegue naval estadounidense en el Caribe en décadas, una operación denominada ‘Lanza del Sur’ que ha elevado significativamente la tensión con Venezuela. Aunque Washington justifica la movilización como una campaña contra el narcotráfico, Caracas la interpreta como una amenaza directa a su soberanía y un preludio a una posible intervención militar. La operación incluye una formidable fuerza naval compuesta por 12 a 13 buques de guerra, submarinos nucleares, aviones de combate F-35, bombarderos B-52 y el portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, con unos 4.000 soldados a bordo.
Este despliegue no se ha limitado a aguas internacionales; Estados Unidos ha consolidado alianzas estratégicas en la región para ampliar su capacidad logística.
República Dominicana autorizó el uso temporal de su aeropuerto internacional y la base aérea de San Isidro para operaciones militares. En Trinidad y Tobago, ubicado a solo 10 kilómetros de Venezuela, se está instalando un radar de vigilancia y se han realizado ejercicios militares conjuntos. Además, se han llevado a cabo entrenamientos con fuerzas panameñas.
El gobierno venezolano ha respondido con firmeza, calificando el despliegue de “terrorismo psicológico” y una “amenaza colonialista”. El presidente Nicolás Maduro ha ordenado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana permanecer en alerta máxima para defender el territorio, mientras que el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, advirtió a Estados Unidos que “no cometan el error de agredir” a Venezuela.
En resumenEl masivo despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, bajo la justificación de una operación antinarcóticos, ha sido percibido por Venezuela como una amenaza directa a su soberanía. La operación, que incluye alianzas logísticas con países vecinos, ha provocado una enérgica respuesta de Caracas y ha escalado las tensiones geopolíticas en la región a niveles sin precedentes.