Este contacto directo, aunque breve, expuso la profunda brecha diplomática entre ambas naciones y un aparente intento fallido de negociación para una salida del poder del líder venezolano.

La llamada, que según Trump “no salió bien ni mal”, ha sido objeto de múltiples interpretaciones. Fuentes anónimas citadas en los artículos aseguran que la conversación, de menos de 15 minutos, fue un punto decisivo en la política exterior estadounidense. Durante el intercambio, Maduro habría solicitado amnistía para él y cerca de 100 de sus principales funcionarios, incluyendo a la primera dama Cilia Flores y a Daniella Cabello, a cambio de abandonar la presidencia. Según estas versiones, Trump rechazó de plano estas condiciones y, en su lugar, entregó un ultimátum para que Maduro dejara el país. El senador republicano Markwayne Mullin añadió que a Maduro se le ofreció la posibilidad de exiliarse en “Rusia o a otro país”. La revelación de esta comunicación generó reacciones dentro de Venezuela, donde el Partido Comunista exigió a Maduro aclarar los detalles de la charla. El fiscal general, Tarek William Saab, por su parte, se mostró a favor del diálogo con Estados Unidos, pero reafirmó su apoyo a la defensa de la nación por la vía armada. Este episodio diplomático se produjo mientras Estados Unidos intensificaba su despliegue naval en la región, lo que subraya la dualidad de la estrategia de Washington: mantener un canal de comunicación abierto mientras se incrementa la presión militar.