Ante la creciente presión militar y diplomática de Estados Unidos, el gobierno de Nicolás Maduro ha respondido con una estrategia de movilización interna, convocando marchas chavistas y llamando a la Fuerza Armada a estar en alerta, mientras denuncia internacionalmente una "agresión" estadounidense para apoderarse de sus vastas reservas de petróleo. En respuesta al despliegue naval estadounidense en el Caribe, el chavismo organizó una manifestación el 1 de diciembre, donde Maduro declaró que Venezuela está "preparada" para enfrentar cualquier amenaza y rechazó lo que considera una "agresión" de Washington. En un discurso durante la marcha, exhibió la espada de Simón Bolívar y afirmó que el país vive una "coyuntura decisiva para su existencia".
Altos funcionarios han reforzado este mensaje.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, advirtió a EE.
UU. que "no cometan el error de agredir" a Venezuela, asegurando que están "dispuestos a todo".
Por su parte, Diosdado Cabello, una figura influyente del régimen, acusó a EE.
UU. de tener "vínculos con el narcotráfico" y de querer "robarse los recursos naturales de Venezuela".
En el ámbito diplomático, Maduro ha buscado apoyo internacional, enviando una carta a la OPEP en la que denuncia que EE.
UU. pretende "apoderarse de las vastas reservas de petróleo de Venezuela" y solicita ayuda para combatir la agresión. Esta estrategia combina la movilización de sus bases de apoyo, una retórica de resistencia y la búsqueda de respaldo en foros internacionales para contrarrestar la ofensiva de la administración Trump.
En resumenEn respuesta a la presión estadounidense, el régimen de Maduro ha organizado movilizaciones internas y ha emitido enérgicas declaraciones públicas, al tiempo que busca apoyo internacional de aliados como la OPEP, enmarcando el enfrentamiento como un intento de EE. UU. de apoderarse de sus reservas de petróleo.