Sin embargo, matizó esta aparente apertura al diálogo con una advertencia contundente, al señalar que también está preparado para actuar "por las malas" si no se logra una solución pacífica. Esta retórica ambigua se alinea con las acciones de su gobierno, que por un lado mantiene canales de comunicación secretos, como la llamada telefónica confirmada con Maduro, y por otro, intensifica la presión militar y legal. El fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, respondió a esta aparente oferta de diálogo, afirmando que las conversaciones directas con Trump serían "bienvenidas". No obstante, la postura de la Casa Blanca sigue siendo de máxima presión. El senador republicano Markwayne Mullin, al comentar sobre la llamada, aseguró que a Maduro se le dio "la oportunidad de irse", lo que sugiere que cualquier diálogo estaría condicionado a la salida del poder del líder venezolano. Esta combinación de ofertas de diálogo con amenazas veladas mantiene un alto nivel de incertidumbre sobre las verdaderas intenciones de la administración estadounidense.