La administración Trump ha ordenado el mayor despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe en décadas, una operación denominada 'Lanza del Sur' que, si bien se justifica como una lucha contra el narcotráfico, es interpretada por Caracas como una agresión directa y una amenaza a su soberanía. Este despliegue, activo desde septiembre, incluye al portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, junto a una flotilla de al menos 12 buques de guerra, submarinos nucleares, aviones caza y aproximadamente 4.000 soldados. Oficialmente, Washington enmarca la operación como un esfuerzo para combatir el narcotráfico y perseguir a los "narcoterroristas", una narrativa reforzada por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien declaró que tienen "todo el derecho del mundo" para llevar a cabo estas acciones. Sin embargo, el gobierno de Nicolás Maduro y sus aliados, como Irán, lo consideran una "amenaza colonialista" y un pretexto para un "cambio de régimen" y para apoderarse de las reservas petroleras venezolanas.
El presidente Maduro ha convocado marchas en rechazo a la presencia militar y ha puesto a la Fuerza Armada en alerta, afirmando que Venezuela está "preparada" para cualquier amenaza. La operación también ha involucrado a países vecinos; República Dominicana autorizó el uso de sus aeropuertos para apoyo logístico, mientras que EE.
UU. instaló un radar en Trinidad y Tobago para mejorar la vigilancia. Este movimiento militar sin precedentes ha elevado la tensión geopolítica en la región a su punto más alto en años, poniendo en jaque a países como Colombia y México, y generando un clima de incertidumbre sobre una posible escalada del conflicto.
En resumenEl masivo despliegue naval de EE. UU. en el Caribe, justificado como una operación antidrogas, ha sido condenado por Venezuela como una amenaza directa, escalando las tensiones regionales e involucrando a países vecinos en el enfrentamiento geopolítico.