Esta acción busca enmarcar el conflicto en un contexto geopolítico y energético para conseguir respaldo internacional.
En una carta enviada a la OPEP, el gobierno de Maduro solicitó formalmente la ayuda de la organización para combatir lo que denominó una agresión directa de Estados Unidos destinada a desestabilizar el país y, en última instancia, controlar sus recursos naturales. El régimen venezolano expuso ante el comité ministerial de la OPEP+ las presiones externas y los despliegues militares que, según su perspectiva, confirman las intenciones de Washington. Esta estrategia diplomática pretende cambiar la narrativa del conflicto, presentándolo no solo como una disputa política sobre la democracia o los derechos humanos, sino como un intento de Estados Unidos por asegurar el acceso a una de las mayores reservas de crudo del mundo. Al llevar esta denuncia a un foro de productores de petróleo, Venezuela busca generar solidaridad entre naciones que podrían percibir las acciones de Estados Unidos como una amenaza a la soberanía sobre los recursos energéticos a nivel global.
El petróleo ha sido un factor geopolítico crucial y recurrente en las tensiones entre ambos países.
La economía venezolana, altamente dependiente de la producción de crudo, ha sido duramente golpeada por las sanciones estadounidenses, lo que refuerza el argumento de Caracas de que el verdadero objetivo de la presión de Washington es económico y estratégico, más que político.













