Esta movilización, justificada por Washington como una operación antinarcóticos, es vista por Caracas como una amenaza directa a su soberanía y un preludio a una posible agresión.

La operación, denominada 'Lanza del Sur', se ha materializado con la presencia del portaaviones USS Gerald R. Ford, acompañado de buques de guerra, submarinos nucleares, aviones caza F-18 y bombarderos B-52 que han realizado sobrevuelos cerca de la costa venezolana. La demostración de fuerza ha sido respaldada por una retórica beligerante desde Washington. El secretario de Defensa de EE.

UU., en una visita a las tropas a bordo del portaaviones, lanzó una dura advertencia: "Apenas comenzamos a matar narcoterroristas".

Esta ofensiva no se limita a la presencia naval.

Estados Unidos ha consolidado alianzas estratégicas en la región para cercar logísticamente a Venezuela.

El gobierno de República Dominicana autorizó el uso temporal de dos de sus aeropuertos, el Aeropuerto Internacional Las Américas y la base aérea de San Isidro, para operaciones antidroga estadounidenses. De manera similar, se confirmó la instalación de un radar militar estadounidense en Trinidad y Tobago, país ubicado a solo 10 kilómetros de Venezuela, para mejorar la "vigilancia de los narcotraficantes". El gobierno de Nicolás Maduro ha denunciado este despliegue como un plan para derrocarlo y ha puesto a sus fuerzas armadas en estado de alerta. La militarización de la región por parte de EE. UU. ha reabierto debates históricos en lugares como Puerto Rico, donde la reactivación de bases navales ha generado inquietud entre la población local.