La confirmación del contacto provino directamente de Donald Trump, quien a bordo del Air Force One describió el intercambio de manera ambigua ante periodistas, afirmando que fue "solo una llamada" y que no podía decir "si fue una buena o mala llamada".
Esta revelación, inicialmente publicada por The New York Times, se produjo en un contexto de máxima tensión, con Estados Unidos manteniendo un gran operativo naval en el Caribe y acusando a Maduro de liderar un entramado de narcotráfico.
La llamada generó una ola de especulaciones sobre su propósito.
Varios reportes sugieren que en la conversación se abordó la posibilidad de un encuentro cara a cara en territorio estadounidense, aunque no se concretaron planes.
Además, el senador republicano Markwayne Mullin añadió que Washington le habría ofrecido a Maduro la opción de abandonar Venezuela y trasladarse a Rusia o a otro país. A pesar del hermetismo de ambos gobiernos, ya que las autoridades venezolanas no se pronunciaron oficialmente sobre la llamada, el hecho de que ocurriera demuestra la existencia de canales de comunicación directos y contradictorios. Mientras la administración Trump públicamente intensifica la presión militar y las sanciones, en privado parece explorar otras vías, aunque no esté claro si con fines de negociación genuina o simplemente para comunicar ultimátums. Este episodio evidencia la naturaleza impredecible de la política exterior de Trump y la complejidad de un conflicto donde las acciones públicas y los contactos secretos parecen seguir rutas paralelas.













