Varios líderes y analistas sugieren que el conflicto está fundamentalmente motivado por el control de los recursos energéticos. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, vinculó explícitamente la situación geopolítica con el petróleo al afirmar: “Esta es la verdadera razón de la guerra en Ucrania y de la posible invasión a Venezuela. El petróleo”.

Advirtió que un conflicto podría provocar un colapso de los precios internacionales del crudo, con Estados Unidos y las naciones árabes monopolizando el mercado, lo que sería desastroso para la economía colombiana.

Los análisis sobre qué podría ofrecer Maduro a Trump en una eventual negociación también apuntan a las licencias petroleras como una moneda de cambio crucial.

La economía venezolana depende casi por completo de su producción de crudo, la cual ha sido diezmada por las sanciones estadounidenses y la mala gestión interna. Cualquier cambio de gobierno o acuerdo negociado implicaría inevitablemente el futuro de la industria petrolera de Venezuela y el acceso de empresas internacionales a sus recursos. Además, la influencia de Rusia en el país se ve reforzada por su control sobre campos petroleros venezolanos; un informe menciona que Moscú ha asegurado el control de yacimientos en el estado Zulia hasta el año 2041. Esto añade una capa adicional de complejidad al conflicto, posicionando a Venezuela como una pieza clave en un tablero energético global que involucra a Estados Unidos, Rusia y otros actores de peso.