Ambos mandatarios han hecho un llamado a buscar una solución política y pacífica para la crisis. Ante la escalada de tensiones y la posibilidad de una “invasión terrestre”, tanto Petro como Lula han expresado su profunda preocupación. El presidente colombiano cuestionó públicamente la legalidad del cierre del espacio aéreo venezolano por parte de Estados Unidos y advirtió sobre las consecuencias catastróficas que un conflicto tendría para Colombia, incluyendo la quiebra de su petrolera estatal y una nueva crisis migratoria masiva.

Aunque aclaró su postura diciendo “Yo no apoyo a Maduro... pero no apoyo una invasión”, Petro ha abogado consistentemente por el diálogo.

De manera similar, el presidente Lula da Silva ha ofrecido a Brasil como mediador para evitar un enfrentamiento militar, insistiendo en que los problemas políticos no deben resolverse con armas. Lula manifestó su intención de dialogar directamente con el presidente Trump sobre sus inquietudes respecto al despliegue militar estadounidense y criticó el uso de fuerza letal en operaciones marítimas. La postura de estas dos potencias regionales representa un contrapeso diplomático significativo a la línea dura de Washington, evidenciando la falta de consenso en América Latina para una solución militar y subrayando la preferencia por la negociación.