Como parte de su estrategia para aislar al gobierno de Nicolás Maduro, Estados Unidos ha fortalecido sus alianzas con naciones del Caribe, asegurando acuerdos clave de cooperación logística y militar. Estas acciones están diseñadas para estrechar el cerco operativo alrededor de Venezuela. La República Dominicana ha concedido a Estados Unidos autorización temporal para utilizar el Aeropuerto Internacional Las Américas y la base aérea de San Isidro en el marco de sus operaciones antinarcóticos. El presidente Luis Abinader formalizó el acuerdo junto al secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, consolidando a su país como un aliado crucial para la “Operación Lanza del Sur” de Washington. De manera similar, Estados Unidos ha instalado un nuevo sistema de radar en Trinidad y Tobago, una nación insular ubicada a solo 10 kilómetros de la costa venezolana, con el objetivo de “mejorar la vigilancia de los narcotraficantes”. Esta instalación se complementó con ejercicios militares conjuntos y la visita del buque de guerra estadounidense USS Gravely.
Estas acciones no son hechos aislados, sino parte de un esfuerzo coordinado para construir una red de apoyo en el “vecindario” de Venezuela. Al establecer bases operativas y capacidades de vigilancia en países cercanos, Estados Unidos mejora su capacidad para monitorear y potencialmente interceptar actividades provenientes de Venezuela, aislando aún más al gobierno de Maduro y reforzando su preparación militar y logística en la región.
Caracas ha condenado estas alianzas, considerándolas actos hostiles que incrementan la influencia militar estadounidense cerca de sus fronteras.
En resumenEstados Unidos está reforzando activamente su posición estratégica en torno a Venezuela mediante la firma de acuerdos militares y logísticos con países como República Dominicana y Trinidad y Tobago. Esta estrategia mejora su capacidad de vigilancia y operaciones en el Caribe, intensificando la presión sobre Caracas.