En un giro sorprendente que contrasta con la escalada de hostilidades públicas, múltiples informes periodísticos, citando a The New York Times, han revelado que el presidente Donald Trump y su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, sostuvieron una conversación telefónica directa. Esta noticia sugiere la existencia de un posible canal de diálogo secreto, a pesar de la creciente presión militar y política de Washington. La presunta llamada, que habría tenido lugar la semana anterior a la publicación de los informes, supuestamente incluyó discusiones sobre la posibilidad de una reunión cara a cara en territorio estadounidense. Este hecho resulta especialmente llamativo, ya que se produjo en un momento en que la administración Trump acababa de designar al “Cartel de los Soles”, presuntamente liderado por Maduro, como una organización terrorista y estaba concentrando fuerzas militares en el Caribe. El propio Trump alimentó las especulaciones al declarar públicamente que estaba dispuesto a hablar con Maduro, afirmando: “Si podemos salvar vidas, está bien”.
Esto ha desatado un amplio debate sobre las verdaderas intenciones de Trump.
Algunos analistas lo interpretan como una táctica de “palo y zanahoria”, combinando máxima presión con una posible salida negociada para Maduro. Otros se preguntan si se trata de un esfuerzo diplomático genuino o de una maniobra para sembrar divisiones dentro del chavismo.
Funcionarios venezolanos, como el fiscal general, también han indicado que las conversaciones directas serían “bienvenidas”, añadiendo una capa de complejidad a una crisis que parecía encaminada a una confrontación inevitable.
En resumenLa revelación de una supuesta conversación telefónica entre Trump y Maduro introduce un elemento de ambigüedad en la crisis, sugiriendo que, tras la retórica beligerante, podría existir una estrategia compleja que combina amenazas públicas con canales de comunicación privados.