Una cascada de cancelaciones de vuelos por parte de aerolíneas internacionales ha profundizado el aislamiento de Venezuela. La medida se produjo tras una alerta de seguridad de la Administración Federal de Aviación de EE. UU. (FAA), lo que provocó una respuesta retaliatoria por parte del gobierno de Nicolás Maduro. La FAA emitió una advertencia sobre el “deterioro de la situación de seguridad y el aumento de la actividad militar en Venezuela o sus alrededores”, lo que llevó a al menos siete grandes compañías aéreas —incluidas Iberia, TAP, Avianca, Latam, GOL, Turkish Airlines y Air Europa— a suspender sus servicios.
Esta decisión dejó a miles de pasajeros varados y cortó conexiones vitales para el país. El gobierno venezolano reaccionó con contundencia, acusando a las aerolíneas de “sumarse a las acciones de terrorismo” promovidas por Estados Unidos y emitió un ultimátum de 48 horas para que reanudaran sus operaciones, bajo la amenaza de perder sus permisos de forma permanente. Al expirar el plazo, Caracas cumplió su advertencia y revocó las concesiones de vuelo.
La situación ha generado una grave crisis de conectividad aérea, con estimaciones que indican que hasta 15.000 pasajeros semanales podrían verse afectados.
Como respuesta, el gobierno de Maduro anunció un plan especial para la repatriación de los venezolanos varados en el extranjero. Este episodio subraya las consecuencias tangibles del enfrentamiento geopolítico, que impactan directamente a la población civil y acentúan el aislamiento de Venezuela.
En resumenLa suspensión de vuelos por parte de importantes aerolíneas internacionales, en respuesta a una alerta de seguridad de EE. UU., ha exacerbado el aislamiento de Venezuela. La represalia del gobierno de Maduro, revocando los permisos de operación, ha desencadenado una crisis en el transporte aéreo con graves consecuencias para los viajeros.