El presidente Donald Trump ha sugerido explícitamente la posibilidad de una intervención terrestre en Venezuela, declarando que Estados Unidos pronto comenzará a detener a presuntos narcotraficantes “por tierra”. Esta afirmación constituye la amenaza más directa de una operación militar terrestre hasta la fecha, llevando la retórica contra el gobierno de Maduro a su punto más álgido. La declaración de Trump, “También vamos a detenerlos por tierra muy pronto. Por tierra es más fácil”, cambia el enfoque de las operaciones marítimas y aéreas a la posibilidad real de desplegar tropas en territorio venezolano. Este anuncio de una “fase terrestre” se enmarca en la campaña antinarcóticos, pero es ampliamente interpretado como una amenaza de invasión. El gobierno venezolano ha reaccionado con alarma, viéndolo como una confirmación de un plan para derrocar al presidente Maduro por la fuerza.
La amenaza también ha generado preocupación entre líderes regionales.
El presidente de Brasil, Lula da Silva, rechazó abiertamente la idea de una “invasión terrestre” y se ofreció como mediador. Por su parte, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, afirmó: “Yo no apoyo a Maduro... pero no apoyo una invasión”, advirtiendo sobre las consecuencias desestabilizadoras para la región, como una posible quiebra de la petrolera estatal colombiana, Ecopetrol, y una nueva ola masiva de migración. Las palabras de Trump, combinadas con el despliegue militar en curso, crean un escenario de alta volatilidad en el que la posibilidad de un conflicto militar directo parece cada vez más plausible.
En resumenLa amenaza de Donald Trump de iniciar una 'fase terrestre' de operaciones en Venezuela marca una grave escalada que eleva el espectro de una invasión. Esto ha provocado la condena y los llamados a la desescalada por parte de líderes clave de América del Sur, quienes temen las consecuencias regionales de un conflicto.