El gobierno de Nicolás Maduro revocó la concesión de vuelo a seis aerolíneas internacionales, acusándolas de “sumarse a las acciones de terrorismo” promovidas por Estados Unidos. La medida fue una represalia directa contra las compañías que suspendieron sus operaciones hacia Venezuela tras una advertencia de seguridad emitida por la Administración Federal de Aviación (FAA) estadounidense. A continuación, un análisis de la crisis aérea y sus consecuencias. La FAA había instado a las aerolíneas a “extremar la precaución” debido al “deterioro de la situación de seguridad y el aumento de la actividad militar” en el espacio aéreo venezolano. Como resultado, compañías como la española Iberia, la portuguesa TAP, la colombiana Avianca, la filial colombiana de Latam, la brasileña GOL y la turca Turkish Airlines suspendieron sus vuelos.
En respuesta, el gobierno venezolano les dio un ultimátum de 48 horas para reanudar sus operaciones. Al no cumplirlo, el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) anunció la revocación de sus permisos.
Esta decisión aísla aún más a Venezuela, un país que ya se encontraba entre los menos conectados de Latinoamérica.
Expertos advierten que la medida podría afectar a hasta 15,000 pasajeros semanales y desencadenar acciones recíprocas de otros países.
El gobierno de Portugal, por ejemplo, respondió afirmando que “no cede a amenazas ni presiones”. La crisis de conectividad aérea se convierte así en un nuevo frente en el pulso entre Caracas y Washington, atrapando a miles de pasajeros y profundizando el aislamiento del país caribeño.
En resumenLa revocación de permisos a aerolíneas internacionales es una represalia del gobierno de Maduro que agrava el aislamiento aéreo de Venezuela. La medida, que afecta a miles de pasajeros y a importantes aerolíneas europeas y latinoamericanas, evidencia cómo las tensiones geopolíticas con Estados Unidos se traducen en consecuencias directas para la conectividad y la vida de los ciudadanos.