En respuesta, el gobierno venezolano les dio un ultimátum de 48 horas para reanudar sus operaciones. Al no cumplirlo, el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) anunció la revocación de sus permisos.

Esta decisión aísla aún más a Venezuela, un país que ya se encontraba entre los menos conectados de Latinoamérica.

Expertos advierten que la medida podría afectar a hasta 15,000 pasajeros semanales y desencadenar acciones recíprocas de otros países.

El gobierno de Portugal, por ejemplo, respondió afirmando que “no cede a amenazas ni presiones”. La crisis de conectividad aérea se convierte así en un nuevo frente en el pulso entre Caracas y Washington, atrapando a miles de pasajeros y profundizando el aislamiento del país caribeño.