A continuación, un análisis sobre este inesperado acercamiento diplomático.
La información, difundida inicialmente por The New York Times y citada por múltiples fuentes, indica que la llamada se habría producido la semana pasada. En ella, se discutió la posibilidad de una reunión bilateral en territorio estadounidense, aunque no se concretaron planes para llevarla a cabo. Este hecho se produce en un contexto de máxima hostilidad, marcado por el despliegue naval estadounidense en el Caribe, la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista y las amenazas de una intervención militar.
La noticia generó diversas interpretaciones.
Por un lado, algunos analistas sugieren que podría ser una vía exploratoria de Trump para buscar una salida negociada a la crisis, en línea con sus declaraciones previas donde afirmó que “podría hablar” con Maduro para “salvar muchas vidas”. El fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, también expresó que las conversaciones directas con Trump serían bienvenidas.
Por otro lado, la existencia de este diálogo no ha frenado la escalada de presiones.
Expertos citados en los artículos se preguntan qué podría ofrecer Maduro para apaciguar a Trump, barajando opciones como un gobierno de transición, licencias petroleras o incluso su propia salida del poder. Sin embargo, un análisis de The Wall Street Journal, basado en fuentes cercanas al chavismo, sostiene que Maduro no cree en la posibilidad de una intervención militar directa y, por tanto, no negociará su salida pacíficamente. Este doble juego, que combina una retórica beligerante con canales de comunicación secretos, añade una capa de incertidumbre a la ya compleja relación entre ambos países.













