Ambos líderes han rechazado una posible intervención militar y han abogado por una solución pacífica y dialogada a la crisis. El presidente Petro vinculó la tensión en el Caribe con intereses petroleros, advirtiendo que una posible invasión a Venezuela podría desatar una caída drástica en los precios del petróleo, lo que a su vez llevaría a la quiebra a la estatal colombiana Ecopetrol. En un mensaje contundente, Petro aclaró su postura: "Yo no apoyo a Maduro, quiero una solución política y pacífica en Venezuela, pero no apoyo una invasión".
Además, señaló que un conflicto armado provocaría una nueva oleada masiva de migrantes venezolanos hacia Colombia, calificando de "irresponsables" a quienes aplauden una intervención.
Por su parte, el presidente Lula da Silva ha expresado su "gran preocupación" por el despliegue militar estadounidense y ha rechazado abiertamente la idea de una "invasión terrestre". Lula ha insistido en que los problemas políticos deben resolverse mediante el diálogo, no con armas, y se ha ofrecido repetidamente como mediador para evitar un conflicto. El mandatario brasileño indicó su intención de hablar con el presidente Donald Trump sobre la situación y ha criticado los ataques estadounidenses en aguas caribeñas, instando a que la lucha contra el narcotráfico se maneje a través de la cooperación internacional. La postura de ambos presidentes refleja una creciente inquietud en la región sobre las consecuencias que un conflicto armado en Venezuela podría tener para la estabilidad de toda América del Sur.













