El acuerdo fue anunciado por el presidente dominicano, Luis Abinader, junto al secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth. Permite a Estados Unidos utilizar áreas restringidas del Aeropuerto Internacional de Las Américas y la base aérea de San Isidro, ambos en Santo Domingo, para operaciones logísticas que incluyen el reabastecimiento de combustible de aeronaves y el transporte de equipos y personal técnico. El presidente Abinader justificó la medida como un refuerzo a las acciones contra el narcotráfico en la región. La autorización posiciona a República Dominicana como un aliado clave de Washington en su despliegue militar 'Operación Lanza del Sur', una estrategia que ha elevado las tensiones con el gobierno de Nicolás Maduro. Desde Caracas, la decisión fue cuestionada y calificada de "locura imperial", al considerar que fortalece la influencia y la capacidad de proyección militar estadounidense cerca de su territorio.

Para analistas, este paso no solo impacta el equilibrio geopolítico del Caribe, sino que también podría modificar la estabilidad regional y provocar nuevas fricciones con gobiernos que mantienen distancia diplomática con Estados Unidos.