Esta postura ambivalente, que combina amenazas con aperturas diplomáticas, genera incertidumbre sobre la estrategia final de Washington hacia Venezuela.

En varias declaraciones, Trump ha dejado abierta la puerta a una conversación con su homólogo venezolano.

Según el mandatario estadounidense, "podría hablar" con Maduro con el objetivo de "salvar muchas vidas", sugiriendo que prefiere una solución "de la manera fácil", aunque sin descartar actuar "por las malas" si es necesario.

En una ocasión, afirmó tener "algo muy específico que decirle".

Esta posibilidad de diálogo ha sido bien recibida por el gobierno venezolano.

El fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, declaró que las conversaciones directas con Trump serían "bienvenidas". La disposición al diálogo contrasta fuertemente con las acciones de la administración Trump, que incluyen un masivo despliegue militar en el Caribe, la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista y la oferta de una recompensa por la captura de Maduro.

Analistas intentan descifrar qué podría ofrecer Maduro para apaciguar a Trump en una eventual negociación.

Las opciones barajadas incluyen desde concesiones en el sector petrolero y una mayor cooperación en la lucha antinarcóticos hasta la conformación de un gobierno de transición. Sin embargo, fuentes cercanas al chavismo citadas por The Wall Street Journal sugieren que Maduro no cree en la posibilidad de una intervención militar directa y, por tanto, no negociaría su salida del poder pacíficamente. Esta dualidad en la política estadounidense mantiene en vilo a la región, que observa con atención si la vía de la fuerza prevalecerá sobre un posible acercamiento diplomático.