El despliegue, denominado 'Operación Lanza del Sur', incluye activos de alto poder como el portaaviones USS Gerald Ford, el más grande del mundo, con más de 4.000 marines a bordo, destructores, un submarino nuclear y aeronaves de combate como bombarderos B-52 y cazas F-18.
Según los informes, los buques de guerra se han posicionado a tan solo 11 kilómetros de las aguas territoriales venezolanas. La justificación oficial de Washington es la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo en la región, una postura reforzada por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien afirmó que Washington va a "perseguir a los narcoterroristas" porque tiene "todo el derecho del mundo". Sin embargo, el gobierno de Nicolás Maduro interpreta estas maniobras como un plan para derrocarlo y una "agresión" que amenaza la paz.
En respuesta, Caracas ha movilizado a sus fuerzas armadas, ordenando a la aviación y la marina permanecer en "alerta" y realizando ejercicios militares.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, advirtió a Estados Unidos: "No cometan el error de agredir".
La operación también ha tenido consecuencias letales, con informes que indican que los ataques a embarcaciones sospechosas han dejado al menos 80 muertos, lo que añade un componente humanitario a la ya volátil situación militar.













