Este acercamiento se ha materializado en diversos ámbitos, incluyendo el económico y el militar. Rusia, en particular, ha sido un aliado clave en el sector petrolero, con informes que indican que empresas rusas aseguran el control de campos petroleros venezolanos en el estado Zulia hasta el año 2041, un factor crucial para la economía venezolana, debilitada por las sanciones estadounidenses.

La alianza con Moscú también tiene una dimensión diplomática y militar.

Rusia ha manifestado su respaldo a Venezuela frente a la tensión con Washington, calificando las justificaciones de EE.

UU. para su despliegue militar como "completamente inventadas".

Además, se reportó que un buque de guerra estadounidense bloqueó a un petrolero ruso que intentaba entregar combustible a Venezuela, un incidente que subraya la confrontación indirecta entre las superpotencias en el Caribe. Al apoyarse en Rusia y China, Maduro no solo busca asegurar apoyo económico y diplomático para sortear las sanciones, sino también enviar un mensaje geopolítico a Washington: que Venezuela no está aislada y cuenta con el respaldo de actores globales capaces de desafiar la hegemonía estadounidense.