El bombardero B-52H, con capacidad nuclear y convencional, partió presuntamente del portaaviones USS Gerald Ford, pieza central del despliegue naval estadounidense en el Caribe.

Estos ejercicios militares ocurrieron en paralelo a la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista por parte de Washington. La respuesta de Caracas fue inmediata y contundente.

El presidente Maduro convocó a marchas populares en rechazo a la presencia militar estadounidense, y figuras de alto rango como Diosdado Cabello condenaron los sobrevuelos.

Cabello declaró: "Siguen amenazando", refiriéndose a las acciones de EE.

UU.

El gobierno venezolano ha interpretado estos vuelos no como parte de operaciones antinarcóticos, sino como una demostración de fuerza y una preparación para una posible agresión militar. La presencia de estas aeronaves estratégicas tan cerca de su territorio es vista por Caracas como una provocación hostil que justifica su propia movilización militar y el endurecimiento de su discurso antiimperialista.