Por un lado, Trump ha declarado públicamente que estaría dispuesto a "hablar" directamente con Maduro, afirmando que lo haría "para salvar muchas vidas" y que prefiere una solución "de la manera fácil". Esta apertura al diálogo ha sido recibida con cautela pero positivamente por el gobierno venezolano, cuyo fiscal general expresó que las conversaciones directas serían "bienvenidas".
Sin embargo, esta oferta de negociación contrasta fuertemente con las acciones y la retórica beligerante de su administración.
Simultáneamente, Trump ha advertido que está preparado para actuar "por las malas" si es necesario, un mensaje que ha sido interpretado como una amenaza de intervención militar. En un duro mensaje dirigido a Maduro, llegó a decir: "salvaremos vidas por las buenas o por las malas". Esta ambigüedad se refleja en la política de Washington, que por un lado explora canales diplomáticos y por otro intensifica la presión militar con el despliegue en el Caribe y la designación del Cartel de los Soles como grupo terrorista. Fuentes citadas por Axios informaron que Trump planea una llamada con Maduro, lo que sugiere que la vía del diálogo es una posibilidad real. No obstante, la coexistencia de estas dos narrativas —la del negociador y la del halcón— mantiene a la región en máxima tensión, sin claridad sobre si la estrategia final de EE.
UU. será una salida negociada o una confrontación directa.












