Estas maniobras han elevado al máximo la tensión bilateral y han sido calificadas por Caracas como una "provocación hostil".
El despliegue incluye el portaaviones USS Gerald Ford, destructores, un submarino nuclear y sobrevuelos de bombarderos B-52H y cazas F-18.
Según informes, algunos vuelos habrían ingresado al espacio aéreo venezolano sobre la Isla de Margarita sin autorización.
Estados Unidos justifica estas operaciones, denominadas 'Lanza del Sur', como parte de un esfuerzo antinarcóticos reforzado.
Sin embargo, tanto analistas como el gobierno venezolano las interpretan como una campaña de presión militar directa contra Nicolás Maduro.
Diosdado Cabello declaró al respecto: "Siguen amenazando".
La magnitud del despliegue, descrito como el mayor en el Caribe desde la Crisis de los Misiles de 1962, con buques posicionados a solo 11 kilómetros de aguas territoriales venezolanas, apoya la interpretación de una táctica de intimidación. En respuesta, el gobierno de Maduro ha movilizado a unos 200.000 militares para ejercicios de defensa y ha reforzado su propaganda antiimperialista. La presencia militar estadounidense también ha reactivado bases en Puerto Rico, como Roosevelt Roads, que funciona como centro neurálgico de las operaciones.













