En respuesta a la creciente presión estadounidense, Nicolás Maduro ha adoptado una postura desafiante, anunciando la movilización de la Milicia Bolivariana y el despliegue de armamento pesado para defender al país, mientras asegura que “no van a poder con Venezuela”. Frente al despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe y las crecientes sanciones, el gobierno venezolano ha optado por una estrategia de demostración de fuerza interna y un discurso de resistencia nacional. Maduro anunció la instalación de un sistema de defensa con “armamento pesado y misiles” en la estratégica zona que conecta Caracas con el principal puerto y aeropuerto de La Guaira. Además, afirmó que más de ocho millones de ciudadanos se han inscrito en la Milicia para defender al país ante lo que califica como “amenazas imperiales”.
Esta movilización militar se complementa con una campaña diplomática y de comunicación.
En un gesto inusual, Maduro pidió a los estudiantes venezolanos contactar a jóvenes en Estados Unidos para “contar al exterior que en Venezuela hay gente buena” y así evitar un conflicto.
Simultáneamente, el ministro de Interior, Diosdado Cabello, inauguró un centro de formación táctica para preparar a las fuerzas de seguridad en caso de una invasión. En un acto que busca proyectar normalidad y apoyo popular, Maduro también anunció la celebración de su cumpleaños número 63 con un “gran concierto” en el estadio más grande de Caracas, un evento con una fuerte carga política. Esta combinación de preparativos militares, llamados a la paz y actos de masas refleja un intento de consolidar el frente interno y enviar un mensaje de fortaleza tanto a sus seguidores como a sus adversarios internacionales.
En resumenLa respuesta de Nicolás Maduro a la presión de EE. UU. ha sido una combinación de desafío militar y proyección de fortaleza interna. A través de la movilización de milicias, el despliegue de armamento y actos públicos masivos, busca consolidar su base y demostrar que no cederá ante las amenazas externas.