Esta decisión revela que la estrategia de Estados Unidos no se limita a la disuasión militar o la asfixia económica, sino que también contempla una vía de confrontación no convencional. La autorización de planes encubiertos por parte de la CIA sugiere un compromiso a largo plazo para lograr un cambio de régimen, utilizando herramientas que operan en las sombras y que conllevan un alto riesgo de escalada y consecuencias impredecibles. Este enfoque multifacético, que combina la presión militar abierta con acciones clandestinas, busca debilitar al gobierno de Maduro desde múltiples frentes, aumentando la incertidumbre sobre los próximos pasos en el conflicto y el futuro de Venezuela.