El propio Trump alimentó las especulaciones al declarar que tenía “algo muy específico que decirle” a Maduro, sin ofrecer más detalles.

Por su parte, el líder venezolano también ha afirmado estar dispuesto a un diálogo “cara a cara”.

La ambigüedad de la Casa Blanca mantiene en vilo a la comunidad internacional, que debate si la llamada, de producirse, sería un intento genuino de negociación, una táctica para ganar tiempo, o una forma de comunicar directamente las consecuencias de no ceder al poder. Lo que está claro es que la simple posibilidad de este contacto directo, en un momento en que las relaciones están en su punto más bajo, subraya la naturaleza impredecible y personalista de la diplomacia de la era Trump.