Esta cascada de cancelaciones dejó el espacio aéreo venezolano prácticamente desocupado, como mostraron los mapas de rastreo de vuelos en tiempo real. La medida no solo afecta a los pasajeros, sino que también representa un duro golpe económico y simbólico para el gobierno de Maduro. En respuesta, las autoridades aeronáuticas venezolanas se reunieron con representantes de las aerolíneas para intentar restablecer el tránsito aéreo y solicitaron la reanudación de los vuelos en un plazo de 48 horas.

La situación también generó reacciones en otras naciones; por ejemplo, Alemania emitió una alerta “urgente” aconsejando a sus ciudadanos no viajar a Venezuela.

Este bloqueo aéreo de facto evidencia cómo las tensiones geopolíticas entre Washington y Caracas se traducen en consecuencias concretas que afectan directamente la conectividad del país con el resto del mundo.