Informes de medios internacionales, como The New York Times, han sugerido que el gobierno de Nicolás Maduro habría explorado una salida negociada del poder en medio de la creciente presión estadounidense. Sin embargo, altos funcionarios del chavismo han negado rotundamente la existencia de dichas negociaciones, calificando las versiones de "mentira" y reafirmando la continuidad de su gobierno. Según los reportes, basados en fuentes anónimas, la oferta venezolana habría incluido la salida de Maduro de la presidencia en un plazo de dos años a cambio de ciertas garantías, propuesta que supuestamente fue rechazada por la administración Trump. Estas filtraciones surgen en un momento de máxima tensión, con un fuerte despliegue militar estadounidense en el Caribe y una guerra discursiva entre ambos presidentes.
La respuesta del oficialismo venezolano ha sido contundente.
El ministro de Interior y número dos del chavismo, Diosdado Cabello, aseguró que "absolutamente nada puede poner en riesgo a la revolución bolivariana" y desestimó cualquier plan de transición que implique la renuncia de Maduro. En contraste, algunos gobiernos de la región, como el de Colombia, han mostrado su respaldo a una solución negociada. El presidente Gustavo Petro ha planteado la idea de un acuerdo de poder compartido y ha afirmado que su país apoyaría un plan para que Maduro deje el poder de manera pactada y sin riesgo de cárcel.
Esta dualidad entre los rumores de negociación y las negativas oficiales mantiene la incertidumbre sobre una posible transición política en Venezuela.
En resumenLos informes sobre una posible salida negociada de Maduro, aunque negados vehementemente por el gobierno venezolano, reflejan la intensa presión que enfrenta el régimen. La existencia de estas discusiones, ya sean reales o parte de una guerra de información, evidencia la exploración de diversos escenarios para resolver la prolongada crisis política del país.