Paralelamente, las fuerzas del Comando Sur han destruido numerosas lanchas rápidas, principalmente en rutas del narcotráfico.

Washington justifica estas acciones como parte de su lucha contra el "narcoterrorismo", afirmando que las embarcaciones atacadas eran operadas por organizaciones terroristas designadas.

Sin embargo, la Casa Blanca no ha presentado evidencias públicas que respalden estas acusaciones, lo que ha alimentado las críticas. El presidente de Brasil, Lula da Silva, ha sido uno de los críticos más vocales, denunciando los ataques como "ejecuciones extrajudiciales" y exigiendo que la lucha contra el narcotráfico se realice mediante la cooperación y no con el uso de fuerza letal. Estas operaciones representan la faceta más violenta de la campaña de presión de EE.

UU., generando una crisis humanitaria y diplomática en la región.