Como parte de su operación "Lanza del Sur", Estados Unidos ha intensificado sus acciones marítimas en el Caribe y el Pacífico, incluyendo el bloqueo de buques y la destrucción de embarcaciones sospechosas de narcotráfico. Estas operaciones letales, que ya acumulan un saldo de más de 80 muertos, han generado una fuerte condena internacional y son calificadas por algunos líderes regionales como "ejecuciones extrajudiciales". Una de las acciones más destacadas fue el bloqueo de un petrolero ruso, el 'Seahorse', que intentaba entregar combustible a Venezuela y quedó varado en el Caribe tras la intervención de un destructor estadounidense. Esta medida busca cortar las líneas de suministro energético de Caracas.
Paralelamente, las fuerzas del Comando Sur han destruido numerosas lanchas rápidas, principalmente en rutas del narcotráfico.
Washington justifica estas acciones como parte de su lucha contra el "narcoterrorismo", afirmando que las embarcaciones atacadas eran operadas por organizaciones terroristas designadas.
Sin embargo, la Casa Blanca no ha presentado evidencias públicas que respalden estas acusaciones, lo que ha alimentado las críticas. El presidente de Brasil, Lula da Silva, ha sido uno de los críticos más vocales, denunciando los ataques como "ejecuciones extrajudiciales" y exigiendo que la lucha contra el narcotráfico se realice mediante la cooperación y no con el uso de fuerza letal. Estas operaciones representan la faceta más violenta de la campaña de presión de EE.
UU., generando una crisis humanitaria y diplomática en la región.
En resumenLas interdicciones y ataques marítimos letales de Estados Unidos representan una escalada violenta en su campaña contra el gobierno venezolano. Estas acciones no solo cortan líneas de suministro clave, sino que también han provocado una crisis diplomática y humanitaria debido al alto número de víctimas y la falta de transparencia.