Sin embargo, en un giro sorpresivo, también ha afirmado estar dispuesto a hablar "en algún momento" con Maduro, llegando a decir: "Tengo algo muy específico que decirle".

Esta ambivalencia es interpretada por analistas como una estrategia calculada para generar incertidumbre y debilitar al régimen chavista, manteniéndolo en un estado de alerta constante.

El propio Maduro ha respondido a esta apertura, declarando que está listo para conversar "cara a cara" y que las diferencias deben resolverse por la vía diplomática.

A pesar de ello, también ha advertido que una intervención militar de EE. UU. significaría "el fin político" de Trump. Esta compleja dinámica de amenazas y ofertas de diálogo define la política de Washington, que parece combinar la presión máxima con la posibilidad de una negociación, dejando todos los escenarios abiertos.