En respuesta directa al despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe, el gobierno de Nicolás Maduro ha ordenado un “despliegue masivo” de sus fuerzas armadas. Esta movilización nacional busca preparar al país ante lo que el Ministerio de Defensa califica como “amenazas imperiales” y una posible ofensiva militar. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, anunció que, por orden de Maduro, se elevó la alerta militar y se potenció a una “fase superior” el plan de seguridad y defensa denominado “Plan Independencia 200”. Este plan incluye la movilización de aproximadamente 200.000 militares para realizar ejercicios de preparación. El despliegue abarca “medios terrestres, aéreos, navales, fluviales y misilísticos”, además de estructuras de defensa policial y ciudadana.
La televisión venezolana difundió imágenes del Ejército preparándose para “cualquier ofensiva”.
Adicionalmente, ante la percepción de una asimetría de fuerzas, el gobierno venezolano ha adoptado públicamente una estrategia de defensa inspirada en el pensamiento de Ho Chi Minh, apostando por una “guerra de guerrillas” o “resistencia revolucionaria” en caso de un eventual ataque o invasión. Esta doctrina sugiere una defensa prolongada y descentralizada para contrarrestar a una fuerza militar superior. Como parte de su respuesta, el gobierno también aprobó una nueva ley de defensa para hacer frente a las “amenazas” de Estados Unidos.
En resumenLa respuesta de Venezuela al despliegue estadounidense ha sido una contundente movilización militar a nivel nacional. Al activar una fase superior de su plan de defensa y adoptar una estrategia de “guerra de guerrillas”, el gobierno de Maduro envía una señal de que está preparado para un conflicto, aunque su enfoque sea principalmente defensivo y de resistencia.