Sin embargo, bajo esta superficie de rutina, persiste un clima de temor a expresar opiniones políticas y una constante represión por parte del Estado. Organizaciones de derechos humanos denuncian una alarmante frecuencia de detenciones arbitrarias, con un promedio de una persona detenida cada 15 horas. Las víctimas de estas detenciones incluyen periodistas, estudiantes e incluso menores de edad, cuyo paradero a menudo es desconocido durante días y los motivos de su arresto no son claros. Casos como el de la líder social Yenny Barrios, quien murió de cáncer sin poder despedirse de su hijo preso, ilustran el drama humano detrás de la represión. Así, la sociedad venezolana se encuentra atrapada entre la amenaza externa, que parece lejana para muchos, y una realidad interna de dificultades económicas y persecución política que es inmediata y palpable.