El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, fue uno de los más vocales, afirmando que la cumbre “solo tiene sentido ahora si es para debatir la cuestión de los buques de guerra estadounidenses” y advirtiendo que “los problemas políticos no se resuelven con armas”. Su postura fue secundada por otros líderes, como el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien se unió a Lula y al presidente colombiano, Gustavo Petro, para discutir los “golpes militares de Trump”.

La situación evidencia la profunda preocupación en la región por una posible desestabilización y el riesgo de un conflicto armado. La cumbre sirvió como plataforma para que América Latina y Europa mostraran una postura común en defensa del derecho internacional y el diálogo, en clara contraposición a las acciones unilaterales de Washington.