Estas operaciones, que comenzaron el 2 de septiembre, han resultado en al menos 18 ataques y la muerte de aproximadamente 70 personas, descritas por algunos medios como una “sangrienta cacería”.

La ofensiva no se ha limitado al Caribe, expandiéndose también a aguas del Pacífico.

A pesar de la justificación oficial, analistas y líderes regionales, como el presidente brasileño Lula da Silva, interpretan este despliegue como una estrategia para presionar al gobierno de Nicolás Maduro. Se argumenta que la verdadera razón no es combatir la cocaína, sino controlar el petróleo venezolano y forzar un cambio de régimen, lo que ha convertido la situación en un punto crítico de debate en foros internacionales como la cumbre CELAC-UE.