El objetivo declarado es combatir el narcotráfico, pero diversas fuentes y analistas, incluido el exembajador de EE.
UU. en Venezuela, James Story, señalan que la magnitud de la fuerza es “demasiado grande y potente como para ser sólo antinarcóticos”. Esta percepción se refuerza con informes que indican que la operación forma parte de una campaña más amplia para derrocar a Maduro, que incluye la autorización de operaciones encubiertas de la CIA y la modernización de bases militares en Puerto Rico y las Islas Vírgenes. Varios artículos sostienen que el verdadero objetivo no es la cocaína, sino el control del petróleo venezolano y un cambio de régimen. La presencia de aviones espía sobrevolando la costa venezolana y las maniobras de marines en Puerto Rico, practicando desembarcos e infiltración, han sido citadas como evidencia de una preparación para un escenario de mayor confrontación. Esta escalada militar ha elevado significativamente la tensión en la región, siendo un tema central de preocupación para los países vecinos y actores internacionales.













