A pesar de la abrumadora superioridad militar estadounidense, un análisis de las fuerzas armadas venezolanas revela una estrategia de defensa asimétrica, centrada en su sistema antiaéreo de fabricación rusa, aunque sufre de un grave deterioro en otros equipos cruciales como aviones y tanques. Venezuela posee "una de las mejores redes de defensa antiaérea del continente", un escudo compuesto por sistemas rusos que representa su principal baza disuasoria. Sin embargo, esta fortaleza es también su vulnerabilidad más expuesta, ya que los análisis militares coinciden en que este sistema sería el "primer blanco en un posible ataque de Estados Unidos".
La efectividad de esta defensa es clave para determinar el costo inicial de una intervención para las fuerzas estadounidenses.
En contraste, el resto de su arsenal convencional se encuentra en un estado precario.
Los informes indican que Nicolás Maduro sufre por la falta de mantenimiento y operatividad de sus aviones de combate y tanques, lo que limita severamente su capacidad para una defensa prolongada o para proyectar poder más allá de sus fronteras. Ante estas deficiencias, el gobierno venezolano ha apostado por la Milicia Bolivariana, un cuerpo de civiles armados, como un componente fundamental de su plan de defensa, buscando disuadir una invasión mediante la amenaza de una guerra de guerrillas prolongada y costosa para el invasor. Esta estructura de defensa revela una preparación para un conflicto asimétrico, donde el objetivo no es ganar una guerra convencional, sino hacer que el costo de una ocupación sea políticamente insostenible para Washington.
En resumenLa estrategia de defensa de Venezuela se basa en una disuasión asimétrica, confiando en su potente pero vulnerable sistema antiaéreo ruso y en la amenaza de una resistencia popular prolongada. La precariedad de sus fuerzas convencionales limita su capacidad de respuesta a un ataque sostenido, configurando un escenario de defensa costoso pero difícilmente sostenible a largo plazo.